Si algo queda claro tras todo este conflicto es que las políticas del derecho internacional no son estrictas y que son contradictorias. No tienen la fuerza que deben tener. Se puede decir que genera impotencia que la Organización de Naciones Unidas (ONU) haya estipulado que Israel ha ocupado ilegalmente territorios que son de Palestina y no se tomen las medidas pertinentes que demuestren la mano dura. Y por otro lado, que el Tribunal de Justicia Internacional haya condenado el levantamiento del muro para prevenir el terrorismo y que este país se defienda de ataques suicidas bombardeando la zona de donde era oriundo el kamikaze.
Se plantean muchas soluciones: que un estado para cada uno, que un estado binacional, que los árabes se queden con toda la tierra, que los judíos se queden con todo, que Israel acoja las decisiones internacionales, que yonosequé…. A fin de cuentas, para llegar a una solución duradera y que dé la paz a los dos pueblos, se requiere incluir un valor muy importante: La tolerancia. Se necesita entender al otro. Comprender los derechos que tienen los habitantes del otro sector del problema y eliminar los pensamientos y la manera de actuar de las personas que quieren mantener vivo el problema. Esto es necesario, porque así como se ha vivido este conflicto por decenas de años, va a seguir así durante mucho tiempo más. Esto significa que las generaciones venideras son el grupo más afectado, que en este momento serían los niños. Aquellos que aprenderán del ejemplo que hoy les dan. De ver actos terroristas, barbarie, disputas. De crecer con miedo. De ser grande y enfrentarse a un entorno bélico, o de no poder llegar a esa edad para vivir en carne propia la dureza de la lucha.
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