En el mundo hay tantas formas de pensar, como personas en el mundo. Unos sólo se dedican a trabajar y resultan sirviéndoles a los demás durante toda su vida, otros buscan el dinero, el poder, las riquezas, los lujos. Muchos de ellos, sin importar lo que cueste y muchos otros que cuando consiguen todo lo que quieren, imponen su dominio por encima de lo que sea, todo esto para beneficio propio o simplemente para demostrar que ellos son los que mandan. Casualmente, estas mentes malévolas son las que llegan a las más altas esferas que se proponen, casi siempre disfrazadas de ovejitas o de una elegancia magna.
Es por esto que, como lo dice Simon Pieters, los diablos existen. A lo largo de la historia ha habido varios muy reconocidos, como el caso de George Bush, Osama Bin Laden y Adolf Hitler. Para no ir muy lejos, en Colombia tenemos los nuestros propios. Los casos de los falsos positivos son una muestra de que la vida no vale nada, con tal de elevar un número de estadísticas para favorecer la aceptación y demostrar resultados. Para los diablos que tuvimos en el anterior gobierno, no importaron las familias ni los mismos acribillados… ni siquiera pudo la carga moral de hacerle daño a una persona que nunca han visto… de intimidarlos mientras tienen azadones en la mano… mientras labran la tierra… mientras tratan de producir unos pesos para sobrevivir. Qué propósitos tan malévolos. El poder somete hasta a los inocentes sin darse cuenta. Pero tarde o temprano a cada ‘lucifer’ le llega su hora del juicio… Como el marrano con noche buena.
“Hasta a los gobiernos más despóticos les es imposible permanecer en el poder sin la anuencia de sus gobernados. Es verdad que el déspota cuenta muchas veces, gracias a la fuerza, con el consentimiento del pueblo. Pero apenas el pueblo deja de temer la fuerza del tirano, su poder se derrumba”.
Ghandi
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